De Grisell Color
César es un
hombre delgado, de tez clara y casi sin chiste; no ha salido con ninguna mujer
hace ya varios meses y desea conocer a alguien; ha entrado a todas esas salas
de chat en donde, según esto, se puede conocer a la pareja ideal y tuvo a lo
largo de este mes algunos encuentros sin ningún resultado positivo.
Esta mañana, a la hora del desayuno de la
oficina, lo encontramos tomando un café con su amigo Zadkiel, el hombre
estrella de la empresa. Joven y carismático siempre rodeado de mujeres que al
primer guiño salen con él y terminan en la cama. Dialogan un poco sobre el asunto
y Zadkiel le comenta que conoce a la mujer ideal para él, mientras a su lado
vemos pasar una corte de mujeres oficinistas bien vestidas que lo saludan con
miradas libidinosas y sonrisas coquetas, mientras que, a nuestro protagonista,
lo ignoran desdeñosamente.
Esta mujer que
Zadkiel intenta presentarle a César, Claudia, es la mejor amiga de su novia.
Margot, al parecer siempre tan delicada e ingenua, nunca ha sospechado siquiera
las infidelidades de su pareja. En ese mismo momento, Zadkiel hace una llamada
a Margot para concertar una cita para cenar los cuatro. — Será como una cita a ciegas para nuestros amigos, nos divertiremos
— le comenta colgando el auricular, no sin antes enviarle un beso.
El viernes por la
noche, día de la cena, César no sabe qué ropa será la más adecuada para una primera
cita; lo visualizamos poniéndose una camisa, se la quita; prueba con otra
tratando de combinar las pocas corbatas pasadas de moda que tiene. Por fin, se
decide por una camisa blanca y una corbata azul, y un sweater color vino de
cuello “V” que parece de los sesentas.
Al llegar al
restaurante sus amigos ya están en la mesa. Saluda educadamente y podemos
percibir un brillo en sus ojos al encontrarse con la mirada de Claudia que, si
bien no es una modelo, es bonita y parece simpática. Comienzan a entablar una
conversación banal, sobre el clima, el trabajo, algunos gustos, aunque poco a
poco la plática comienza a subir de tono. Zadkiel ha tocado el tema del sexo,
pregunta a sus compañeros la posibilidad de tener una orgía. A César se le
suben todos los colores al rostro y al contestar trastabilla en su respuesta
negando por supuesto, la posibilidad de hacerlo. Pero inesperadamente Claudia
contesta que ha participado en algunas. Los demás sueltan una carcajada
mientras que César, apenado, se disculpa y se dirige al baño.
—¡Cómo es posible que
esta joven tan linda haya tenido esas ideas tan locas! Definitivamente pensé
que sería una muchacha decente. No me interesa volver a salir con ella. —
Seguro en la decisión tomada, regresa a la mesa en dónde se mantiene al margen
de la plática. Ahora lo vemos con los brazos cruzados, muy callado y
completamente asido a la silla.
Salen del
restaurante para dirigirse cada uno a su casa. No obstante, por ser
caballeroso, le pide su número de teléfono a la mujer, prometiéndole una
llamada en cuanto tenga tiempo de hacerlo. Como nos imaginamos, no la llamará,
dejará pasar el tiempo y seguramente ella ya no esperará junto al teléfono.
Vamos entonces al
departamento de César; está sentado en el sillón de la sala leyendo el
periódico con su bata a cuadros y pantuflas cafés disfrutando de la mañana del
sábado. En eso se escucha ese sonido de teléfono muy peculiar de él con una
musiquilla como de organillero. Toma el auricular y ¡oh sorpresa! Era ella.
—Pe-pero… ¿dónde has
conseguido mi número? Pregunta mientras en su mente se refleja la imagen de
Zadkiel.
—Me lo ha dado tu
amigo, por supuesto. Te llamaba para invitarte una copa en mi departamento esta
noche.
El pobre de
César, atribulado contesta que le es imposible asistir; tiene un compromiso
familiar y le apena mucho no poderla invitar. Se despide amablemente de ella y
cuelga; por supuesto que no tiene ningún compromiso, el pobre remilgado nunca
sale. Como todos los fines de semana se instalará en ese sillón a ver películas
románticas que siempre lo dejan peor de lo que ya estaba.
Al anochecer lo
vemos en esa misma posición, comiendo algunas chucherías, con la misma bata a
cuadros y la mirada casi perdida en la pantalla de la televisión. Por enésima
vez se encuentra viendo Titantic, la
cual pareciera que derrama miel por la pantalla. En la mejor escena, tocan a la puerta; se
levanta del sillón y camina de puntillas tratando de no hacer ruido para ver
quién se atreve a perturbar la tranquilidad de su noche de sábado. Sin querer
tropieza con la mesa de centro, tira unos portarretratos y hace un ruido
escandaloso; ahora ya no podrá ocultarse. Se asoma por la mirilla y se percata
de que son Zadkiel y Margot con una botella de vino en la mano. Los dos llevan
abrigos negros puestos, lo cual es extraño pues no es invierno y apenas sopla
un vientecillo fresco.
Abre la puerta y
ambos entran sin siquiera esperar a ser invitados. Se instalan en la sala
cuestionando a nuestro amigo sobre su compromiso familiar. —Se canceló a última hora — miente—pero… ¿cómo sabían de mi compromiso? Claudia, por supuesto—.
Comienzan la plática con bromas tontas,
cuentos chuscos siempre inventados por el joven carismático. César, aunque lo
corroe la duda, no hace ninguna pregunta sobre el paradero de Claudia y mucho
menos por el par de abrigos negros que llevan encima. Les pide unos minutos
para darse un baño y cambiarse de ropa, no se siente cómodo con esa imagen
contrastante de la bata a cuadros y los abrigos.
En ese momento
de ausencia, captamos que la pareja aprovecha para abrir la puerta. Claudia
estaba esperando el momento preciso para poder entrar en el departamento sin
que el dueño de éste se percatara. Observamos que ella también porta un abrigo,
pero en color rojo.
César sale de la
habitación mientras Claudia permanece escondida detrás de las cortinas.
Comienzan a tomar sus copas, Zadkiel pone una música lenta y en un tris tras la
mujer sale de entre su escondite; se dirige hacia César contoneándose
lentamente al ritmo de la música, mientras va desabrochando los botones de su
abrigo rojo. Él, pasmado, no puede ni moverse; se incrusta en el sillón como si
estuviera pegado con velcro cada vez más mientras bajo el abrigo rojo se
vislumbra solo un negligé de encaje transparente verdaderamente sexy que no
deja nada a la imaginación. Estando ya cerca de él toma su rostro con las
manos, lo besa apasionadamente en los labios y se sienta sobre de él mientras
que la otra pareja se deshace de sus abrigos mostrando una completa desnudez y
comienzan a besarse de la misma forma.
Los toqueteos y
los gemidos comienzan a hacerse presentes ahora ya desnudos los cuatro por
completo. Entonces César, arrebatadamente recuesta con fuerza, pero con tiento
a Claudia sobre la alfombra.
En un momento
abre los ojos y solo ve frente a él la pantalla del televisor proyectando la
película rosa que estaba viendo. No hay nadie a su alrededor; él, a quien vemos
aún con su bata a cuadros, está aturdido aún por este vertiginoso vuelco hacia
la realidad. Entonces, después de unos minutos, alguien llama a la puerta; ve
por la mirilla y observa a la pareja de amigos con una botella en la mano y
vistiendo abrigos negros.
*Grisell Color.
Nace en León Gto. Docente en las Casas
de Cultura: Diego Rivera y Efrén Hernández, de ésta misma ciudad, así como en
distintos niveles educativos. Realizó sus estudios en la Escuela de Artes
Plásticas Antonio Segoviano; ha tomado diversos talleres, entre ellos: grabado,
pintura, dibujo, escultura, serigrafía. Participante en más de 40 exposiciones
colectivas en varias ciudades del país; así como en Buenos Aires, Puerto de
Quequén, Argentina; Cuba, Alemania, etc. Cuenta con 8 exposiciones
individuales, las cuales han recibido menciones honoríficas a cargo del Depto.
de identidad y Patrimonio del Instituto Cultural de León. Forma parte del taller
Alqui-grahos desde hace 8 meses.
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