Por José Adrián Lomelí Alfaro*
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| Ground zero design art |
Imaginen que me conocen, la cercanía de dos
almas justo antes del límite del viento, entre un perpetuo adiós y un café. He
de comprender la confusión que bien pudo tener cabida en esta singularidad, de
manera muy acertada se han de preguntar cómo demonios continúo aquí, o bien
quién soy, incluso después de tanto, de tantas y tantas vidas pasadas, rostros
sin cuenta por la cantidad, paisajes trazados por ellos de una peculiar pero
distante manera de los hechos reales; y aunque juré nunca más volver a hacer
uso de métodos que lejos de acercarme al objeto, que muy ciertamente deseo
idealizar y con esto detener la huida, contraponen el hundimiento en dotes de
cordura sin vuelta aparente.
Sucede, hermanos míos, que el Lobo (un servidor)
no es un punto de referencia situado en la continua línea del tiempo, sino una idea,
un enfoque, una perspectiva latente a espaldas de aquello que no puede
apreciarse sencillamente. No sé si existo bajo un manto de dicha o dentro de
una realidad caótica tan distintiva de todo Nocturnoandante, en donde sin
complicación se divisan perversidades constantemente. Sin embargo, ella desde
siempre alimentó la renuencia a caducar, y figuró como la solemne oportunidad
de hacer sueño hasta horas tempranas para de momento derrocar la idea de partir
como eventualmente sucede cada que la luz me descubre el alma. En un inicio,
cuando todo tuvo un comienzo, la pesadez de verle llegar se postró
insoportable; tenerle de pronto al alcance y desconocerle totalmente. Vaya
martirio.
Estoy por asesinar a la distancia psicológica
que nos premia con indiferencia, y parece ser que aún no estoy listo. Llevo
vidas enteras entretejiendo el momento sublime en donde consigo que todas las
realidades existentes converjan, y la falta de éxito aparente pareciera que me
aferra más a pensar que no soy de aquí.
Para cuando la noche eterna me alcanzó y develé
todo aquel embrollo, me condujo por el único camino que no debía tomar en esta,
mi sexta vida. No queda otra opción que aceptar con vehemencia la primera de
mis derrotas, pues el tiempo había pasado sin acariciar, y así como si nada, me
dejó encallado creyendo imposible cualquier acercamiento.
—Todo parecía ser una broma de mal gusto
realmente; se percibía ironía, sarcasmo, había intermitencia; menudo lío, pues
¿en qué consiste el juego? —constantemente repetía, tratando de ejercer un
sedante natural en las revoluciones internas.
—Rememoremos y volvamos a vivir — dijo la voz.
—Busquemos observar desde el otro lado, cómo nadie osa conseguir resolver los
cuestionamientos hirientes del linaje. —Yo accedí sin mesura. Cuando no se
posee nada más que perder, es imbatible no creer lo que parece estar frente a
nosotros.
—Ella había sido elegida por la miríada de
variables reunidas por su ser, tan necesarias para abandonar la morada
indefinidamente, el arte del asecho recobrará el aliento, estaba de pie
nuevamente. — Antes de proseguir es adecuado definir un par de aconteceres, la
primera instancia de las decisiones siempre porta consigo rezagos racionales y
afectivos, son estos los que generan el deseo y la cautela; la complejidad del
presente acto, el mismo que se relata, toma partida cuando son proyectadas
ansiedades en las emociones que causan jadeo y necesidad de oxígeno, pues
aunque mis intervenciones poseen relación íntima con lo atemporal, el reloj de
arena vital del acto da inicio a su conteo y no sabe de prórroga aunque la vida
misma dependa de ello.
—Debía elegir el momento justo para encararle,
técnicas y tácticas adquiridas no podrán ser exhibidas con sencillez, estas
urgen del despojo de las cadenas que la represión puso en ellas, imponiéndoles
olvido; entre más consiga la libertad, conseguiré que en mayor grado la breve
llegada no persiga ni seduzca a su huida. Sin caretas ni abismos, si ella,
ahora que vivo nuevamente fuese el más febril de los castigos en esencia, haré
penitencia premeditadamente — era clara mi postura, no soportaba el apetito.
—Ensimismarme no es una opción razonable — pensaba
mientras me alistaba para salir y hacer nuevamente de las sombras mi
pertenencia, —la puerta está abierta, no es momento de limitar a los otros — al
mencionarlo me abordó el miedo que creí había desaparecido hacia mi naturaleza;
—no tenía tiempo suficiente para replantear las estrategias ni contemplar las
demandas; incisivamente el panorama iba matizándose con cuestionamientos que
exigen escenarios por doquier. Una sola cosa estaba clara, no quedaba mucho y
había que identificar a los aliados emergentes que conformarían la manada —nunca
conseguí poseer algo realmente bueno que supliera a mis ángeles caídos.
—Definir tareas, cifrar supuestos, fijar
tiempos, el evento es irrevocable, menudo lío esto de colaborar con ellos. No
logro conciliar ideas que permitan ocultar la verdad. El síntoma que me colocó
fuera de la remisión del brote malévolo estaba situado en los detalles de su
aparición. Los brazos del reloj encontraban su posición magnánima, que un Lobo
como yo, ajeno a toda convencionalidad solemos llamar bendita demencia.
La simulación del evento que antecede toda
acción fue simulada en mi cabeza, causando dolores severos tal cual un parto;
el acontecimiento actual se rige por dos reglas esenciales que seguramente
tendrán cabida en relatos posteriores también; pues la soledad no es estar
solo, sino tener la posibilidad de relacionarse y no querer hacerlo, así mismo,
vivir lo suficiente para ser contemplado como un mal constante. —Previo a momentos
como los actuales siempre he disfrutado racionalizar, con esto el alma no queda
en deuda, y las decisiones cruciales no se postergan.
—De pronto la opresión en el pecho arranco la
noción del momento de un golpe solo, tal cual ella se había quedado impregnada
en mí, y se adueñó de la voz de mis latidos.
Así que pregunté súbitamente —¿quién eres? — ya
hacía mucho tiempo andando tras la senda y era hora aún de no conocerle del
todo, llegué a pensar que había perdido la excelencia de apreciar desde las tinieblas
pues ella y la vida me jugaban una mano que hacían que la presencia de dudas en
mí fueran posibles; creí que de cierto modo la edad con un carácter de dictador
comenzaba a cobrar factura, una factura continua, sin horizonte. Bien es sabido
que la vida toma lo que le pertenece tarde o temprano. No sucedió mucho antes
de que esa idea fuese dispersada por el acontecer de las decisiones que
arrepentido hubiese preferido se postergaran.
Ella en cambio, a su antojo iba situándose cada
vez más entre mis delirios recurrentes, incluso hasta en el más remoto; lo
alarmante es que yo había comenzado a creerlo. Se alimentaba con mayor detalle
de las ansiedades incrustadas entre los acuerdos hechos con los otros. Si se
lanzara una petición en contra de mi persona acerca de las percepciones hacía
ella, sin temor argumentaría que mi estado era brindado por ella, pues jamás
logre ver duda alguna en su rostro, ni en su silueta, ni en su andar, ni en las
danzas que levemente dedicaba a mi Dios en su más puro estado; por supuesto,
ahora que la noche eterna no tenía retorno no cabía la excepción, estábamos
atentos.
Durante muchas ocasiones supe que sabía de mi
existencia, de mis pasos, de la intención del acompañamiento, hasta el punto de
desatender la esencia real del suceso; el asecho maduraba. Puedo hasta jurar
que ella encontraba dicha haciendo creer que desconocía de mí tiempo atrás.
Disfrutaba verme pleno. Es ella, alguien poco habitual.
Apenas logré conciliar y organizar las
emociones dentro, pude atender a la tan anhelada respuesta; ella sin apuro se
describió, nos perdimos.
—Soy todo y nada en un suspiro — comento y se
percibió una pequeña voz entrecortada, sin duda hacía mucho camino que no
hilaba frase alguna —soy lo que conozco, puedo ser lo que hago, ciertamente lo
desconozco; en momentos llego a ser lo que sueño y apenas parte el sol, puedo
también ser los movimientos suaves de mi cuerpo cada que tu llanto en la
distancia es escuchado, de esos que incitan a fugarnos de la planidad del
universo.
Sólo fui capaz de sentir lentamente cómo la
espalda iba helándose hasta alcanzar el sueño roto olvidado cuando la
sorpresiva naturaleza me orilló a ser lo que soy, verle develar sus instancias
me despojó del dejo portado en la mirada desde historias pasadas, la fascinación
de su persona desdibujó cualquier indicio de maldad dentro, o al menos eso se
pareció.
La nobleza de sus palabras conmovió hasta la
más innata de las emociones; de devorarle de pronto, justo ahí, sin presencia
de alboroto, ahora que el sendero no podía divisarse, que la aldea se había
sumergido en el engaño, que la distancia después de tanta cercanía me pintaba
un aliento favorable y verdaderamente adecuado para culminar lo que sería la mejor
obra de arte, la mejor de mis fechorías dispuesta a ser memoria a espaldas del
sol.
Sin embargo no pude hacer nada, fui incapaz de
no verle a los ojos, naturalmente quede imprimado en ella y por incierto que
parezca, todo alrededor se desvaneció dejando intacto a ella, mi Dios y yo.
Tras el esfuerzo por resignificar la pérdida de
aliento, apenas conjunte pobremente la brevedad de todo lo que el alma gritaba
en silencio y dije con celo hacia la cobardía del tiempo — Suena ameno — querría
sin importar el medio, mantener la frialdad y el peligro sabido de mí. Debo
reconocer, que íntimamente recién se había conjugado una celebración, firmemente
encontraron camino las revoluciones sin concluir, el interés en arrancarle
hasta el último singo de existencia había hecho sueño lejos, y sólo quedaba el
deseo, maldito afán por simular. —Eres una damita muy interesante — repuse con
una seriedad que entristeció el alma, temí por un instante que la escena se
derrumbara y con eso la ilusión se hiciera evidente.
—Yo no lo considero de ese modo — dijo ella
mientras la gravedad hacía que su cabello le cubriera parcialmente el rostro
haciéndolo más bello aún, incluso resaltaba el aroma de la noche al explotar en
fragancia con la media luz azulada que nos arropaba ese día. —Soy dicho con
palabras más cómodas, un ser como tú, solitario, con un sinfín de intereses.
En ese instante supe que aquello que acababa de
mencionar, era el tiro de gracia; para esos momentos ya no era posible sostener
la armadura que dejo la maldición del cuervo. —Eso me apetece más — dije sin
pensar.
Solamente me quedaba una cosa por hacer para
honrar al linaje, así que despojé intencionalmente al cuerpo de todas sus
corazas. Estaba al borde del abismo, que el horizonte se volvió genialidad y
sin temor mencioné —Tú, damita de ropajes escarlatas puedes ser la divergencia
del relato, eso que exija la renuncia al desolado oficio.
—¿Y si es ella, quien arranque mi músculo
cardiaco, tal cual lo dicta la profecía? — pregunté para mis adentros.
—Qué belleza, qué belleza, qué belleza; — me
alejé diciendo mientras el sol me pisaba los talones. Era momento de despedirse
y tomar camino antes de que el espacio volviera en sí.
Para cuando los fantasmas se adueñaron de todo,
decidí gastar el último aliento antes de apartarme. Bien lo dije al inicio, era
mi primera derrota por no poder conducir el hecho hasta sus últimas instancias,
pues la aceptación de renunciar a todo y convenir con la compañía, es por la
incapacidad de continuar con este ritmo aislado. Es ella sin más, la que me
hace extrañar, la que me hace cuidarle, la que me pierde en el bosque este que
es de mi autoría. Es mi linda pequeña dama, quien sin tanto supo conducirme a
todo lo que puedo no ser.
Cuando comencé a apretar el paso le escuché
decir a media voz, como se le habla al oído al amor de nuestras vidas. —No me
olvides, no dejes de volver. Hasta pronto lobito.
*Mi nombre es José Adrián Lomelí
Alfaro y nací en Ciudad Victoria, Tamaulipas; soy de todos lados y de ninguno a
la vez, siempre y cuando exista algún vínculo afectivo.
Desde mi llegada he vivido tres
nacimientos, el biológico y de este apenas tengo un fragmento de cordón que mi
madre resguarda orgullosamente y los aniversarios que los míos festejan. El
segundo nacimiento fue el psicológico, de ese quedan los recuerdos que apenas
puedo hilar, fragmentados, distantes, pero míos solamente.
Mi tercer nacimiento encuentra
escena cuando las condiciones me orillan a decidir y de ese modo con la cabeza
en alto me despido del tan amado fútbol profesional; es en ese momento cuando
encuentro en la literatura la oportunidad sublime de compartirme y hacer sueño
en dondequiera que alguien se atreva a leerme. Amante de las letras, expuestas
y creadas; loco enamorado de la música y de las historias que se pueden o no
contar, gusto por la novela gráfica, el cine y los videojuegos, que mejor que
acompañado de una exquisita pizza.
Quien considere que caperucita es
una idea polarizada, se encuentra en un desatino; pues la Caperucita al igual
que el lobo son un ser intangible, así que hay muchas caperucitas con historias
que deben contarse o Lobos por ser reclutados; la espera es la mayor de las
acciones y para cuando el momento sea perfecto el encuentro será consumado.
Quizá podrías ser tú.
Lectores somos y en la escritura andamos, y entre las letras
nos encontramos.
Abrazo de gol.

El diálogo ente los personajes es exquisito
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